Al principio venia a visitarme por las noches, buscaba ver mi progreso, me daba pasión a cambio de palabras. Empezó a molestarme su presencia. Lo fui alejando. Hasta que un día no lo deje entrar más. No lo extrañaba, la cama seguía siendo del mismo tamaño pero las sábanas eran más grandes, más blancas.
Dejé de dormir, dejé de escribir, pinte las paredes de blanco y tapice los sillones del living con un horroroso estampado a flores rosa viejo. Las mariposas se acercaban en un vano intento por entrar y golpeteaban sus alas contra el cristal de la ventana. Las cortinas no se movían. La única música que escuchaba provenía de mi mente. Dejé de salir a las calles, las espiaba de vez en cuando, se veían oxidadas. Entonces dejé de mirar.
Tratando de remendar mi ropa harapienta me pinché un dedo con una aguja. Sangró. Dolía mucho, no entendía nada. De pronto todo se volvió rojo. No podía respirar. Las ventanas permanecían cerradas, en las calles no había nadie, pase mi mano ensangrentada por la pared, con mi sangre dibuje una puerta, giré el picaporte, la atravesé y salí. Corrí. Corrí muy rápido. No mire para atrás ni una sola vez. Lo encontré a él. Lo abracé. Lloramos. Le dije que yo no podía escribir su historia y mirándolo a los ojos también le dije que nunca lo ame.
by VERISSS